El acto de viajar

Reseña por Millen Tarllen de Sousa 

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Desde hace mucho tiempo el hombre empezó a viajar, ya sea por supervivencia, para protegerse de los enemigos, por curiosidad, para acceder al conocimiento y obtener aprendizajes, en busca de territorios nuevos o por cualquier otro motivo… ¡Cuántos peligros enfrentaron, cuántas barreras cruzaron!

En África, el continente de los primeros descubrimientos,  surgieron los Homo Sapiens que, con mayor capacidad anatómica y cultural, empezaron también a viajar. Por sus mayores condiciones de adaptación podían reproducirse y sobrevivir en lugares distintos y cada vez más lejanos.

Con el tiempo algunos aspectos en la cultura del hombre sufrieron cambios y los viajes adquirieron un nuevo sentido: el de la búsqueda por el prestigio y el conocimiento. No se trataba sólo de un motivo de conservación de la vida.

En el libro Viajes y Viajeros, del filósofo y egiptólogo David Rull y del arqueólogo naturalista Jordi Serrallonga, son citados grandes cronistas como el explorador egipcio Herkhuf, que probablemente fue el primer hombre que hizo narraciones de sus experiencias de viajes en el norte de África; Heródoto, gran explorador griego que viajaba por el placer de conocer, de explorar los sitios y sus habitantes. Hoy en día, muchos de los viajeros siguen los pasos de Heródoto cuando emprenden la travesía y dejan atrás sus prejuicios, miedos y frustraciones para tener una verdadera experiencia de vida, de descubrimientos y de aprendizaje.

Siguiendo con los grandes cronistas de viajes, cabe señalar al viajero y explorador marroquí Ibn Battuta, que en la Edad Media emprendió un viaje al Extremo Oriente, siendo muy religioso, en sus crónicas hizo críticas a la cultura y a la religión de las sociedades con las que tuvo contacto.

Aún en el siglo XXI algunos turistas viajan llenos de prejuicios. Cuando piensan en “viajar” sólo escogen lugares que les parecen cómodos, donde no necesitarán tener contacto con los locales. Viajan con el único objetivo de acumular destinos y no de formar parte de aquel lugar, aunque sea por algunos días. Muchas personas no se preocupan en buscar lo que es realmente auténtico y viajan en masas, de un lado a otro, llenando el bolsillo de los empresarios en lugar de contribuir realmente con la economía local.

Al hablar de grandes viajeros, no se puede olvidar el británico Charles R. Darwin que empezó un viaje de observación y que a través de sus descubrimientos cambió la historia de la ciencia y de la humanidad, rompiendo con el pensamiento de una sociedad eurocéntrica.

El libro que aquí se reseña reúne una serie de relatos de viajes históricos que cuentan con información sobre los desplazamientos de los primeros homínidos hasta los de los hombres de la actualidad. Las motivaciones, los peligros, las incertidumbres, los prejuicios de años atrás y otros que ahora creamos, además de las inquietudes, el placer, la contribución con la historia, el conocimiento, etc., todo eso se queda igual o quizás, aún más recurrente con la ayuda de la globalización.

Como nos dicen los autores del libro, es verdad que en los últimos años el turismo ha crecido y que ahora está aún más al alcance de muchas personas que antes no lo podían practicar. La imagen del turista aún se asocia con la llamada cultura del ocio, viajar es visto como un bien de consumo y/o prestigio. Pero con la globalización, la libertad de expresión, con las nuevas oportunidades que surgen todos los días y con la construcción de un pensamiento colectivo de una sociedad más justa y consciente, podemos cambiar esta imagen del turismo masivo y que degenera lugares, culturas y personas. Estamos a tiempo de de reflexionar, de ser más empáticos, más humanos.

Hubo un tiempo en que viajar era una necesidad, después vinieron los viajes con fines comerciales, los viajes por conocimiento y exploración, los viajes por curiosidad y por placer. Ahora nos quedamos con todas las informaciones de los hombres valientes que emprendieron grandes viajes en tiempos difíciles, y hasta hoy seguimos viajando por los más diversos motivos. Creo que es porque, como nos dicen los autores, seguimos inquietos y con ganas de aprender, de conocer, de vivir… Sea el motivo que sea, viajar es algo mucho más amplio, mucho más allá de todas las posibles explicaciones, siempre hará falta palabras que puedan expresar lo maravilloso que es viajar.

Cuando viajen, hay que tener una mirada libre de prejuicios, sea cual sea el motivo, hay que tratar de mantener una mentalidad empática más amplia sobre los sitios y las personas. Muchas veces un lugar del que no se espera nada, puede sorprender.

Hay que buscar información sobre la economía local, los pueblos, las personas y que intentes contribuir más con los productores y productos locales que con los de grandes redes. Por ejemplo, con la artesanía, las comidas típicas, los servicios locales, etc..

Sobre el tema del periodismo de viajes, siempre que sea posible, debemos buscar comunicar lugares, historias o experiencias realmente auténticas, no basarnos en las narraciones mediáticas que ya existen sino en las que aluden al origen, las opuestas, las distintas y que hagan la diferencia para el lector.

A quienes puedan, practiquen el acto de viajar. Este verbo “viajar” tiene muchas maneras de conjugarlo y entenderlo: aprender, respetar, buscar, conocer, vivir, realizar.