Viaje en el tiempo con Kapuściński y Heródoto

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Nadie olvida el primer viaje ni al primer mentor.

Viajes con Heródoto es el último libro publicado por el periodista, escritor e historiador polaco Ryszard Kapuściński, en el que combina de manera sencilla y elocuente la historia y la narrativa, guardando para el final la anécdota de su comienzo.

En la época de posterior a la Segunda Guerra Mundial, un joven Kapuściński trabajaba en la redacción del diario Sztandar Mlodych  (“Estandarte de la Juventud”) en Varsovia. Buscaba notas y escribía reportajes, así fue el primer contacto que tuvo con el periodismo. El polaco viajó por primera vez a la India después de externar a su jefa en la redacción que deseaba salir al extranjero, «cruzar la frontera». A ese viaje lo acompañó Historiae de Heródoto de Halicarnaso.

Historiae es el primer libro de viajes ordenado cronológicamente, que mostró la realidad geográfica y pluricultural del mundo que se desconocía hasta entonces, cerca del año 430 a.C., gracias a la curiosidad incesante del historiador griego y el respeto que siempre manifestó ante lo que ignoraba. Esta obra orientó durante toda su vida a Kapuściński. Desde aquel viaje iniciático a la India, Heródoto se convirtió en su maestro, se reflejó siempre en él.

Las dudas y el interés le hicieron cruzar la frontera una vez, mostrándole que los confines no son sólo geográficos, que existen muros que se erigen dentro de la misma sociedad en una región y, sobre todo, que hay fronteras idiomáticas e ideológicas que incluso pueden ser más fuertes que las físicas. Comenzó a traspasar límites territoriales y a demoler murallas como leitmotiv en su vida.

Kapuściński se cuestiona en Viajes, siempre lo hizo y fue ese pequeño e importante gesto lo que lo unió mentalmente a Heródoto, quien jamás dejó de preguntarse por qué la sociedad se comportaba así, por qué existía la guerra, por qué los continentes están separados por nombre si conformamos el mismo mundo. Nunca dejó atrás al niño inquisitivo que bosqueja interrogantes trascendentales.

Después de sentirse «atrapado por la lengua» durante su estadía en la India en la década de los cincuenta y de recurrir a un libro de Ernest Hemingway para entender inglés, la sed de descubrir y comprender lo impulsaron a aprender idiomas, llegando a la vejez hablando seis y conociendo los lugares a través de ellos. La lengua, decía, era «un rostro y un alma». Todos, al viajar, nos enfrentaremos siempre a esta situación de desconocimiento de una lengua o un guiño cultural diferente que nos produzca temor o impresión, pero es nuestro compromiso conocer, escuchar a la gente y mostrarnos siempre respetuosos. Aquellos que anhelamos describir el mundo, primero tenemos que ser parte de él, ser empáticos.

Es esencial viajar siempre con la mente abierta para vivir, conocer la cultura de una sociedad que puede ser muy diferente a la nuestra; estudiar, hablar, indagar; ser considerados con la tierra y con su gente.

Debemos ser humildes y reconocer que somos seres finitos, nunca renunciar al asombro porque sólo de esa manera sabremos disfrutar y preguntarnos el porqué del mundo, tratando de contestar a esa constante interrogante mientras comunicamos la experiencia.

Aprender a leer los movimientos, escuchar los silencios y disfrutarlos porque en ocasiones se nos va el tiempo tratando de percibir sonidos que olvidamos que la ausencia de ellos también comunica.

Este libro de relatos autobiográficos nos lleva a un recorrido simultáneo en épocas distantes a El Cairo, a Atenas en la época de Creso en el año 500 a.C., al Irán de la revolución islámica en 1979, al encuentro con un agotado Louis Armstrong después de un concierto en Sudán o al ocaso del imperio persa de Jerjes. Nos invita a la reconstrucción del pasado desde la reflexión en una época contemporánea.

El lector que decide emprender este recorrido con el padre de la historia, Heródoto, aceptará hacerlo también con el maestro Kapuściński a los inicios del ejercicio de su profesión como periodista e incansable buscador de historias entre la gente.

El viaje siempre inicia con una pregunta y aunque encontremos la respuesta, éste no terminará jamás.