Dos caminos

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La siguiente obra a tratar se titula El infinito viajar y fue escrita por el escritor italiano Claudio Magris (Trieste, 1939). Es catedrático de literatura germánica por la Universidad de Trieste y ha recibido numerosos premios entre los que destacan el Premio Príncipe de Asturias de las letras, del año 2004, y el Premio de la FIL de Guadalajara, del año 2014.

El infinito viajar es una obra en la cual Claudio Magris relata a través de cuarenta crónicas la concepción que tiene del término “viajar”: el viaje clásico circular, el cual implica el retorno al punto de origen, comparándolo con el propio Ulises, y el viaje moderno nietzscheano, donde el viaje se convierte en un trayecto rectilíneo cuya meta final no es el hogar, es el infinito.

A través de estos dos conceptos podemos ver las propias facetas del autor como si de una autobiografía se tratase. Para él, vivir, viajar y escribir se convierten en aspectos fundamentales de la vida, tres facetas por las cuales no existen fronteras y donde nos acerca a los fundamentos existenciales de la propia vida, lo que realmente es importante para él. Las crónicas que describe se convierten en partes de su propio “yo” y nos permiten tener una mirada más profunda de diversos lugares del mundo distribuidos geográficamente.

El autor considera el viaje como un modo de vida apremiante, una suspensión del tiempo donde el propio mundo se convierte en nuestra casa. Un camino donde nos abandonamos al leve discurrir de la vida pero donde el final cercano induce a un sentimiento de alegría y una fuerte excitación por aquello que no volverás a ver. Es en este punto donde vemos el viaje como un modo de vida, una forma de redescubrirte a ti mismo a partir de romper con todo aquello que te ata. Es necesario entender el viaje como una oportunidad de huir de la cotidianeidad y volver a casa siendo mejor que cuando te fuiste. En este sentido, en el mundo moderno, el viaje triunfa a partir del azar, de dejarse llevar hacia el infinito. Es aquí donde empezamos a disgregar la identidad de nuestro propio “yo” interior para convertirnos en otra persona. A pesar de lo dicho, Magris destaca que viajar solo es un modo de desconectar, que la vida real se encuentra en nuestro hogar, pero no por ello debemos cerrarnos a la diversidad del mundo.

En lo que respecta al viajero, como persona, el autor destaca en sus crónicas que cada viaje implica más o menos una experiencia similar, la sensación de sentirte como extranjero en un lugar conocido o cómo un paisaje desconocido se vuelve afín. Viajando podemos descubrir estratos de la realidad y las alternativas de la misma. Es aquí donde la narrativa cobra protagonismo para el viajero y permite sintetizar aquello que nos rodea pero solo capturando algunos fragmentos. Se podría decir que la propia narrativa es como una fotografía de aquello que vemos pero donde es necesario ir más allá para captar aquellos momentos o detalles que marcan la diferencia y que normalmente dejamos pasar. El propio Magris ve la literatura de viajes como una arqueología del paisaje donde el propio viajero baja por los distintos estratos de la realidad. En este sentido, es el viajero quien desnuda el mundo bajo su mirada, su curiosidad y el hecho de que acepte aquello que ve sin importar si es bueno o malo, es una sensación permanente de sentirnos extranjeros. Dicha mirada puede ser virgen, aquellos viajeros que conocen poco el lugar y lo que escriben nos permite ver cómo lo miraron por primera vez, y aquellos que transmiten un mayor conocimiento que nos permite comprender mejor la realidad que observamos. Estos dos puntos son dos formas no solo de viajar, sino de ver el mundo. No solo basta con viajar con la cabeza a través de los libros, es necesario viajar físicamente al lugar para tocar, oler y ver todo aquello que imaginamos, el sueño que se convierte en realidad.

En todo viaje es necesario tener en cuenta la temporalidad, como es el caso de cada una de las crónicas de la obra y donde el autor vincula cada una de ellas a un momento particular, por lo que es posible que en la actualidad algunos lugares ya no existan. Creo firmemente que cada momento es único, tener la capacidad de plasmarlo es lo que nos diferencia de los demás y por ello estas crónicas no solo son escritos personales, sino fragmentos de la historia que podemos vivir como si estuviésemos presentes. En este sentido de la temporalidad podemos añadir la propia nostalgia por aquello que tuvimos y perdimos, es ahí donde la literatura toma un papel esencial y nos acerca a ese momento para poder revivirlo una vez más.

El concepto de frontera está presente a lo largo de toda la obra. Para Claudio no existe el viaje sin fronteras, para él viajar no solo es ir al otro lado de la frontera, sino descubrir que siempre se está al otro lado. Es por ello que considera necesario superar el nacionalismo forjando un sentimiento de pertenencia común y viendo en el otro un elemento complementario. Esto es fundamental para formar nuestra propia identidad, al fin y al cabo las fronteras solo son eso, líneas sin sentido que solo llevan al conflicto, a la intolerancia. Debemos hablar más de civilizaciones que de estados.

Cada viaje es una nueva aventura y depende de nosotros mismos saber tratarla. A partir de la obra es posible aportar unas ideas, consejos, que nos permitan ser un poco mejores que ayer. Un primer punto sería la importancia de que todo periodista de viajes que se precie tenga contacto directo con gente local, desconocidos, del lugar que visite, lo que le permitirá recoger memorias, información, anécdotas de aquellas voces silenciadas. Un segundo punto a tener en cuenta a la hora de viajar es el de despojarnos de todo aquello que nos impide vivir para llegar a la felicidad. Es necesario resetearnos, encontrar nuestro nuevo “yo” y no agobiarse por el paso del tiempo. Esto nos permite mirar más allá cuando viajas, por encima de nosotros mismos. Por último, a la hora de viajar es importante conocer la cultura, gestos y sentimientos del lugar que visitamos con el fin de no sentirnos tan extranjeros y mostrar respeto.

El infinito solo es eso, un símbolo matemático. Somos nosotros quienes marcamos las pautas del tiempo y reescribimos nuestra historia con cada viaje, cada aventura. Somos fruto de la experiencia pero sin olvidar de dónde venimos y a dónde vamos. Vivir, viajar y escribir es nuestro modo de vida.

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