Volcán, salitre y lava: el origen de Canarias

Su existencia siempre ha despertado interés y curiosidad. Unas islas perdidas en el océano, situadas lejos de las Columnas de Hércules (lo que hoy conocemos como el estrecho de Gibraltar) y por muchos conocidas a través de historias y relatos mitológicos como El Jardín de las Hespérides, las Islas de los Bienaventurados o el mito de la Atlántida y los restos de su famoso continente hundido.

Algunas teorías han encontrado relación de los antiguos habitantes canarios con un origen egipcio, basado en prácticas como la momificación. Otras apuntan a un origen fenicio, debido a algunos hallazgos polémicos como la Piedra Zanata, signo de la diosa Tanit. También se ha sugerido un paralelismo con los vascos, debido a aspectos lingüísticos y antropobiológicos. E incluso se ha ido más lejos, encontrando un origen celta, europeo atlántico y hasta vikingo, debido al pelo y ojos claros de mucha gente.

La Conquista de Tenerife (1494 – 1496), Gumersindo Robayna

Sin embargo, estas islas de origen volcánico se formaron hace más de 20 millones de años y se ha demostrado que los aborígenes canarios, conocidos como guanches (la forma sincopada de pronunciar Guachinerfe, hombre de Chinerfe, que se traduce como Tenerife), fueron inmigrantes bereberes provenientes del continente africano, aunque más tarde se mezclaron con las diferentes culturas que se aprovisionaban en las islas debido a su situación estratégica en rutas comerciales y expediciones.

Se calcula que los primeros pobladores debieron llegar a las islas alrededor del siglo V a.C., por lo que durante casi 2000 mil años los aborígenes vivieron de manera aislada en el archipiélago, creando una cultura propia y un estilo de vida adaptado a un entorno salvaje y volcánico.

Habitaron las Islas hasta la conquista del Reino de Castilla entre los años 1402 y 1496. Aunque todos los pueblos tenían raíces comunes, cada isla tenía sus propias leyes y costumbres, y se dividía en reinos con sus propios menceyes (reyes), lo que a menudo ocasionaba enfrentamientos entre poblados.

Pero, ¿porqué se llamaron Islas Canarias? Su nombre no se debe a los canarios, como cabría esperar, sino a los perros. El geógrafo romano, Plinio el Viejo, las cita por primera vez llamándolas “Islas Afortunadas o Islas de los Bienaventurados”. Sin embargo, deriva el nombre de la palabra canis (perro en latín) tras el viaje del rey Juba II de Mauritania a las Islas, cuando éste acoge a dos grandes mastines. De hecho estos perros aún aparecen en el escudo de la Comunidad Autónoma.

Soy la sombra de un almendro, 

soy volcán, salitre y lava. 

Repartido en siete peñas 

late el pulso de mi alma.

Fragmento extraído del Himno de Canarias.

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