En la noche de los magos

Podría contar momentos de mi vida mencionando sólo una canción…

Por Lola

Diciembre, 2016

Después de varias horas en carretera y algunas paradas obligadas para fotografiar, comer y orinar, cayó la noche. También el deseo de llegar a donde pasaríamos los siguientes días: una pequeña cabaña en medio del Gran Desierto de Altar. Ahí, entre el frío mar invernal y las dunas de dorada arena.

El GPS dejó de funcionar y ninguno de los  teléfonos tenía señal. Además, no había indicación alguna en el camino que mostrara que estábamos en la vía correcta. Percibía desasosiego dentro del auto que, poco a poco, se teñía de cansancio y también de temor.

Él llevaba más de doce horas frente al volante. Trataba de permanecer tranquilo como siempre, aunque el agotamiento borraba lentamente ese semblante sereno. La sensación de creerme segura a su lado solía ser habitual.

Para animarnos, me permití reproducir la música oculta de mi móvil. Sonaron, entre risas y sorpresas, canciones que en otro momento seguro me hubiese rehusado a compartir; desde pistas tropicales típicas de mi país, algo de Johnny Cash, hasta son cubano y salsa puertorriqueña.

Tengo la facilidad de asignar una banda sonora acorde y ese instante no puedo evitar relacionarlo con In the Morning of the Magicians de The Flaming Lips, una banda de rock estadounidense nacida en los años ochenta. Tal vez por eso me gustan más los road trips, porque hay oportunidad de disfrutar de la música, de hacerla parte del camino y de nosotros, los caminantes.

Sonaban los primeros acordes tranquilos y psicodélicos que anteceden a las vocales de In the morning... Permanecí acostada en el asiento del copiloto mientras él manejaba. Miraba a través de la ventana, de repente tocaba con sutileza su pierna provocando su risa y afirmaba, con asombro, que era la primera vez que veía tantas estrellas en una carretera. Nunca me había sentido tan cerca del cielo en la tierra.

Todo era un trazo onírico. No podía creer que por fin estaba ahí en el desierto. Recorría kilómetros en un auto, escuchando música a su lado. Nos dirigíamos a un sitio que, aunque en ese momento aún no lo sabía, extasiaría mis sentidos. Me obligaría a responder a las preguntas que jamás tuve el coraje de plantearme.

Se me olvidó que queríamos llegar pronto a un lugar. El camino se convirtió en protagonista de ese viaje.

Se escuchaba “the universe will have it’s way, too powerful to master”. Me sentí finita. Agradecida de estar ahí, bajo el manto estelar poderoso, atravesando la oscuridad sepulcral de la autopista desértica que envolvía todo con un aire de misterio y misticismo.

¿Han sentido alguna vez que son parte “del todo”? ¿Se han preguntado por qué están viviendo justo ese momento y no otro? ¿Cómo distinguen un final del comienzo de un ciclo más?

Esa noche tuvo magia y también muchas certezas. Lo vivido sigue haciendo eco en mi presente después de casi medio año.

 

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