Buffet libre en 1 minuto

Todo está oscuro. No veo nada con estas gafas monstruosas. Me han encerrado en un cubículo con forma de huevo de alien y me han dicho: agárrate, no te vayas a caer. Después de un par de segundos de incómodo silencio empieza lo bueno. Comienza a proyectarse un vídeo de 360 grados en el que parece ser soy la protagonista. Como si de un buffet libre se tratase, vuelo en ala delta, formo parte de los Castellers de Terrassa, acudo al Ball de diables, recorro Montserrat, las playas de la Costa Brava e incluso entro al Aquarium de Barcelona. Todo esto en apenas 1 minuto y sin moverme de mi sitio.

Mientras se proyecta el vídeo, el suelo tiembla a mis pies, la brisa acaricia mi rostro, la temperatura va cambiando en función del escenario, y cuando amablemente un señor descorcha una botella de cava para servirme una copa… ¡la espuma me salpica en la cara! Una experiencia sensorial completa.

Fuera, en la cola, la gente ve cómo el huevo de alien cambia de color, la luces parpadean y me muevo sin parar, mirando hacia todos lados. De vez en cuando suelto alguna que otra carcajada y la gente me observa con curiosidad. ¿Qué hace? ¿Estará loca?

Esta iniciativa la presenta la Agencia Catalana de Turismo en ferias de turismo nacionales e internacionales para promocionar la comunidad autónoma bajo el eslogan Catalunya Experience. Se trata de un vídeo grabado en 360 grados combinado con realidad virtual donde el visitante del stand puede visualizar diferentes ubicaciones de Cataluña y experimentar diversas sensaciones.

Sí, es muy innovador. Y sí, es sorprendente. Pero, ¿realmente es útil? El turista ha pasado de recorrer el mundo con la guía bajo el brazo a convertirse en un viajero flashpacker, o lo que es lo mismo, a llevar encima gadgets tecnológicos que mejoran su experiencia. La realidad aumentada es una de estas herramientas que está en auge pues permite complementar recursos interactivos con el mundo real, simplemente debemos descargarnos una app en nuestro smartphone. Fácil, ¿verdad? Aunque quizás, tal y como está ocurriendo con otras tecnologías, terminaremos aislándonos más del mundo, volviéndonos dependientes, y adulterando el viaje.

Yo, definitivamente, me quedo con esta frase de Javier Reverte: “Nos hace falta tocar y que nos toquen, percibir en la piel la lengua caliente del trópico y el arañazo de las uñas del frío del glacial…El viaje es una aventura sensual y sentimental”.

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