‘Dogging’, sexo furtivo en Barcelona

Una mirada es suficiente para despertar la lujuria. El apetito sexual se apodera de uno independientemente del lugar o las circunstancias en las que se encuentre, y si no, que se lo digan a los habituales del dogging. El dogging es el término anglosajón para referirse al cancaneo, al sexo en lugares públicos y con desconocidos, vaya. En Barcelona es una práctica frecuente y no solo entre los más jóvenes.

Por Irene García y Blanca Moncosí

Sexo en lugares públicos y con extraños. Un fenómeno de origen británico que se ha extendido a muchos países y que en Barcelona tiene un éxito sorprendente. En este tipo de prácticas suele haber dos o más participantes y los mirones, o voyeurs, son bienvenidos. Las reuniones son casuales la mayoría de las veces, aunque también hay quiénes contactan por Internet y se citan en algún parque para practicar sexo casual. Los lugares más comunes son los aseos de los centros comerciales, la playa, los parques e incluso las estaciones de transporte público. En Barcelona, el metro es un clásico.

Hay dos teorías que tratan de explicar el origen de la palabra dogging. La primera apunta al hecho de pasear al perro (dog en inglés) y la segunda al hecho de practicar sexo en lugares públicos al igual que los perros. Sin embargo, el término designado para esta práctica en España es cancaneo que proviene de la palabra cancanear, que significa vagar o pasear sin motivo alguno. Quizás, esta es una forma más romántica de explicar la búsqueda de encuentros sexuales durante el paseo.

Hoy en Barcelona, prácticamente no hay centro comercial que se escape de esta moda sexual. A los aseos, tanto de damas como de caballeros, se les da un uso secundario. Picante. Se han convertido en lugares de exhibición donde descargar fugazmente la tensión sexual acumulada durante un arduo día de shopping. Normalmente entras y esperas a que alguien te siga y se anime. “Cuando tengo un calentón voy a los baños de la cuarta planta del Corte Inglés, siempre hay chicos que quieren follar contigo” nos cuenta Marta, de 34 años. “Follar donde la gente puede verte y con un completo desconocido es pura adrenalina y precisamente eso es lo que hace que te corras. Te lo recomiendo totalmente, es una experiencia increíble”.

“Yo voy porque me gusta ir a mirar, pero si se da la ocasión participio cuando me invitan”

Los parques y enclaves ocultos en la naturaleza también son un clásico donde practicar sexo en la Ciudad Condal. Cuando cae el sol, es habitual ver sombras entre los matorrales de las zonas verdes de Barcelona agitándose rítmicamente hacia arriba y hacia abajo, emitiendo sonidos poco decorosos. Los lugares más conocidos y socialmente atribuidos para este tipo de prácticas son Montjuic, la Carretera de la Aigües, los pipicans junto a la Sagrada Familia, el laberinto de Horta e incluso las atracciones del Tibidabo. “Yo voy porque me gusta ir a mirar, pero si se da la ocasión participio cuando me invitan”, nos comenta Carles, de 28 años. “En Montjuic la cosa se anima por la tarde, aunque cuando hay más acción es por la noche. En verano es un no parar”. Carles nos explica que a pesar de practicar sexo con desconocidos, “allí todo el mundo lo hace porque quiere, nadie se siente forzado. Todos hemos dado nuestro consentimiento”. Pero también hay que seguir unas normas “por ejemplo si practicas sexo con la luz del coche encendida quiere decir que te gusta que te observen. Y si dejas las puerta abierta quieres que se unan a la fiesta”.

Los vigilantes suelen detectar estas prácticas en las instalaciones de las estaciones del metro, “es bastante habitual presenciar escenas subiditas de tono en los fotomatones, ascensores e incluso en las salidas de emergencia, cuyo acceso está prohibido” nos indica uno de los vigilantes del metro de la línea roja. Las multas por incivismo suelen ser de 300 euros en al Área Metropolitana de Barcelona, aunque, por supuesto, dependen de la gravedad de la situación.

Sin embargo, el único artículo del Código Penal que persigue los comportamientos sexuales públicos es el delito de exhibicionismo, recogido en el artículo 185 CP, y solo sanciona a los participantes si los actos tienen lugar frente a un menor o incapacitado y se trata de una exhibición obscena, es decir, si se muestran los genitales. El castigo puede conllevar un pena de prisión de 6 meses a 1 año o multa de 12 a 24 meses.
La psicóloga y sexóloga M. Ponte nos explica que “es normal este tipo de actitud en personas que buscan excitación adicional. Sin embargo, cuando una persona se obsesiona con esta práctica, porque necesita exhibirse, ya se convierte en una parafilia, es decir, el placer no lo encuentra en la cópula sino en lo que la rodea”.

“Es bastante habitual presenciar escenas subiditas de tono en los fotomatones, ascensores e incluso en las salidas de emergencia”

El dogging ha reunido a tantos aficionados de esta práctica entre los barceloneses, que incluso existe un portal web llamado mispicaderos.com donde encontrar lugares íntimos para practicar sexo en la ciudad. En el sitio se comparten opiniones y comentarios, con todo lujo de detalles, de los lugares favoritos de los internautas y habituales de esta actividad al aire libre.

Sin embargo, el sexo sin compromisos con desconocidos puede acabar con enfermedades de transmisión sexual siempre que no se use protección. Especialmente en Barcelona, los centros médicos y autoridades han alertado de la proliferación de casos de Sida a causa de este tipo de prácticas y otras mucho más perjudiciales como las ruletas sexuales, a las que invitan a un infectado de VIH para hacer la experiencia más emocionante, o el juego del muelle, donde cada 30 segundos de cronómetro se intercambian las parejas sexuales de un grupo de chicos para comprobar quién es el primero en eyacular.

En Cataluña aproximadamente 30.000 personas reciben tratamiento antisida según el departamento de Salut. El 79% de los casos se debe a infecciones contraídas por relaciones sexuales, y de este 79%, el 53,6% se corresponde a relaciones homosexuales.

 

Por amor al ‘cruising’

Algunos pensarán que son inadmisibles este tipo de prácticas sexuales públicas. No obstante, la capital catalana ha destacado durante los últimos años por ser una de las ciudades más tolerantes con el cruising.
A diferencia del dogging, el cruising comenzó siendo un código dentro del argot gay para identificarse entre homosexuales de forma discreta. Una manera furtiva y sin ataduras para encontrar un compañero sexual, alejados de las miradas ajenas. Por medio de esta barrera lingüística, los homosexuales podían defenderse contra la homofobia, que hasta mediados del siglo XX no se despenalizó. Hoy en día el término se refiere abiertamente a la práctica sexual, anónima y ocasional, en lugares públicos.

Enfermedades de transmisión sexual aparte, el cruising también comporta unos riesgos adicionales a tener en cuenta, y es que, hay quien aprovecha los momentos de placer, y vulnerabilidad, para robar y extorsionar. En este caso, es la propia comunidad gay la que se ha manifestado en contra y ha dado voz a este problema, muy común en los cuartos oscuros de las discotecas.

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