La memoria del subsuelo

El mundo subterráneo se recorre como un viaje en el tiempo, una herramienta para comprender la transformación del centro urbano bajo nuestros pies. Nos adentramos en la Barcelona del subsuelo, desde sus orígenes en la época romana hasta la actualidad.

 

Por Brais Fernández, Mariana Huerta y Millen Machado

 

La idea de conocer lo que existe debajo del suelo de las grandes ciudades no es reciente. Éste ha sido objeto de investigación desde hace décadas, incluso se han trazado recorridos turísticos. En ellos es mostrada una cara distinta de la ciudad que nunca duerme. Una Barcelona que caminamos en la superficie, desconociendo la memoria histórica que esconde bajo ella.

 

Para comprender el presente es necesario mirar al pasado

El centro de Barcelona esconde bajo sus pies el origen de la colonia romana Iulia Augusta Faventia Paterna Barcino, que se remonta al siglo I a. C. El subsuelo del distrito de Ciutat Vella vuelve a convertirse en el corazón de Barcino. Un vistazo retrospectivo cuya finalidad es comprender la vida cotidiana de aquella época, la arquitectura clásica y el uso del territorio. Este ejercicio de la memoria es una oportunidad de revivir la historia y recuperar identidad. El deseo de justificar nuestra existencia a partir de un tiempo remoto casi olvidado

La cima de Mons Taber, actualmente Jaume I, se convirtió en el lugar escogido por los romanos para fundar su colonia. Es aquí, en la profundidad de la actual plaza del Rey, donde se localiza un conjunto monumental, que abarca desde el siglo I a. C. hasta la época medieval del siglo XIII. Talleres, factorías de pescado, domus romanas e incluso espacios asociados al ocio, nos permiten obtener una imagen de la transformación de la ciudad a través de los tiempos. Al norte, en la actual plaza Vila de Madrid, se encuentra una vía sepulcral romana datada entre los siglos I-III d. C., una ruta secundaria que comunicaba la urbe con la actual zona de Sarrià y tenía, en ambos lados, sepulcros de personas pertenecientes a las clases populares.

 

Los orígenes sepultados y la renovación de la metrópoli

En la Edad Media, Barcelona se convirtió en un centro de referencia agrícola y artesanal, donde las antiguas murallas romanas quedaron rezagadas. La gran actividad comercial propició un relevante crecimiento urbanístico con importantes construcciones arquitectónicas. Dicha etapa supuso, asimismo, la destrucción de la identidad histórica de la ciudad de época romana. Este fue un periodo de oscuridad, donde el subsuelo de la urbe se convirtió en un cementerio de la sociedad antigua.  Era buscada la pérdida de la memoria secular en la que casas y plazas fueron soterradas, transformadas en espacios olvidados durante numerosos años.

Debajo del altar mayor de la Catedral de Barcelona, una de las construcciones medievales más significativas, está resguardada la cripta de Santa Eulalia. En ésta se encuentran los restos de la santa mártir. Cerca de ahí, en el Carrer de la Fruita, está situado el Domus Sant Honorat. Los domus eran las casas de las personas importantes de Barcino, sus almacenes y locales comerciales también fueron enterrados junto con sus recuerdos. De manera similar, el barrio judío El Call fue transformado en el medievo, aunque es fácil intuir como lucía en aquellos tiempos. Aún se conservan los trazos de sus calles y parte del legado cultural.

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Con el declive del oscurantismo, fueron solidificados los ideales del progreso, la comunicación y la razón. Comenzó, entonces, la Edad Moderna cuyo periodo está comprendido entre los siglos XV – XVIII d. C.  Edificaciones diversas con una arquitectura grande y moderna se hicieron aparecer. Las demoliciones tuvieron lugar en los principales recintos de la ciudad, como la antigua plaza del Born, ese sitio medieval al que los pobladores acudían a hacer sus compras. Este mercado siguió abasteciendo hasta el año 1876.

Fachadas homogéneas, materiales elegantes y sofisticados caracterizaron los revestimientos del Born. Se construyó el parque de la Ciutadella, el barrio fue rediseñado y se erigió un nuevo galerón de hierro y cristal, con influencias parisinas. Justo arriba de su predecesor. En la actualidad, se localiza el Centro de Cultura y Memoria que muestra la dualidad temporal y espacial del famoso mercado.

El mercat alojaba sus productos en bodegas esparcidas por el perímetro que lo circundaba. Era grande y debía almacenar lo que se vendía. Así es como es posible hallar, en Paseo de Picasso, detrás del Mercado El Born, uno de los depósitos más grandes de carne sobre el que ahora ha sido edificado un spa de aguas termales. Dos épocas distintas confluyen en una misma área.

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Barcelona en la actualidad

La Barcelona contemporánea es capital de la cultura catalana y, además, una ciudad industrial marcada por el transcurrir del tiempo. Ésta fue fortalecida y continuó con su crecimiento. La recuperación e intervención del subsuelo es, entonces, convertido en un elemento de uso. Su finalidad no radica exclusivamente en la recuperación del pasado. Las motivaciones por ocupar el espacio debajo de la tierra van desde la necesidad de protección hasta el uso de la búsqueda de lugares de esparcimiento.

La huella de la guerra civil española es visible desde la superficie, pero es bajo tierra donde se pueden revivir las historias de aquellos momentos. El refugio antiaéreo de la Plaça del Diamant se convierte en un espacio con una finalidad clara: protección.

Se construyeron 1.300 refugios antiaéreos en Barcelona. Caminamos sobre ellos y algunos pueden ser visitados.

Pero las construcciones subterráneas también pueden servir como espacios urbanos de uso público, como es el caso de la estación de metro fantasma de Correos, hoy en día abandonada. O lugares de ocio, como la discoteca Sidecar, donde en los años cuarenta los soldados norteamericanos la visitaban con asiduidad.

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Cifras de Transports Metropolitans de Bacelona arrojan, en su último estudio, que más de un millón de personas viajan diario en la red de metro en Barcelona.

Al reflexionar sobre la época en que vivimos, en la que el turismo es masivo y no quedan áreas para construir sin alterar el diseño de la ciudad. Tiempos en los que, además, los sitios de interés van perdiendo novedad. La opción alternativa de una edificación subterránea ya no está distante. Miles de personas se trasladan diario bajo las avenidas principales en los transportes públicos. Recintos son construidos sumergidos, como es el caso del Museo del Diseño en Barcelona o la Filmoteca de Cataluña, proponiendo una visión arquitectónica distinta, valorando el territorio y respetando el poco espacio que sobrevive en la superficie.

Conocer lo que existe debajo de la ciudad nos brinda una panorámica de lo que fue, pero también nos hace un guiño de lo que será. Es probable que regresemos a los orígenes, ahí, cerca de las magnas cimentaciones aledañas a las alcantarillas.

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