El señor X

Su voz sonaba calmada. —Toma la línea verde de metro. Baja en la parada de Ano Patissia. Sube la calle Agias Lavras hasta que veas una parada de bus. Toma el número 5. En la penúltima parada bájate. Yo estaré al otro lado de la calle esperando—.

—Encantado de conoceros. Soy X, aunque algunos me conocen como Meñique. Periodista freelance, músico, solidario y anarquista—.

No medía más de 1,70. Era escuálido y casi no le había dado el sol estos últimos años. Llevaba unas zapatillas hasta los tobillos, desgastadas. Siempre vestía pantalón de chándal, de estos que cuando caminas, el roce provoca un ruido desconcertante e incómodo, como si alguien frotara dos impermeables. Una camiseta arrugada, dos tallas más, pelo desaliñado y barba de chivo. Todo su vello se concentraba en el mentón y caía como una cascada hacia la nuez. Los ojos pequeños y marrones, como dos almendras tostadas, y la nariz redondeada en la punta. Tras las orejas se asomaban las patas de unas gafas. Finas, sin montura aparente, puros cristales rectangulares. En conjunto, el look de un nerd.

El señor X es fixer. Trabaja como periodista freelance y ayuda a corresponsales o periodistas extranjeros a conseguir historias. El señor X también es anarquista y forma parte de un grupo, de los muchos que hay en Exarquia, que ayudan a ocupar y mantener la seguridad de los squats. Desde los inicios de la crisis de los refugiados el señor X ha estado colaborando, por lo que tiene una amplia red de contactos y conocimientos sobre la situación en Grecia. La información es poder.

No es un alto cargo, sin embargo es conocido en el barrio por su participación activa en la comunidad. Si extrapolamos Exarquia a Juego de tronos, el señor X sería, por supuesto, Peter Baelish, o como él mismo prefiere autodenominarse, Meñique, Little finger.

Consciente de su baja posición, considera que el caos es una oportunidad de crecimiento. Experto en la intriga y hábil negociador. Hombre calculador y astuto. Su personalidad e intenciones, un misterio para quienes lo rodean.

Encima de su codo izquierdo se asoma, dibujado con tinta negra en la piel, la figura de un alfil. En ajedrez, una pieza menor que se mueve en diagonal y que no puede saltar piezas intervinientes. Su valor equivale a tres peones.

Vive a las afueras, en un piso pequeño y desordenado, con estanterías abarrotadas de libros, probablemente de política, y la cama a un palmo del suelo sobre un palé. La ropa, limpia o sucia es una incógnita, se amontona en pilas sobre las sillas y mesas. Y una mujer rubia, de ojos verdes y cuerpo de modelo, aguarda sentada sobre la cama, aún deshecha.

Definitivamente, la información es poder.

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